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MARÍA RODRÍGUEZ BLANCO

Los comienzos

Mi primer contacto con la moda empieza cuando cursé el Grado en diseño de moda en 2010 en CEADE Leonardo, Sevilla. Después de dos años sentí que no llenaba mis inquietudes artísticas, ya que a veces encuentro lo que está establecido increíblemente vacío y prefiero intentar sobrepasar los límites. Entonces me fui a vivir a Madrid con mi mejor amigo para trabajar de modelo.

No mucho más tarde, en 2013, me mudé a Londres como forma de escape para vivir nuevas experiencias. Tenía 21 años y ni idea de qué hacer con mi vida. Estuve trabajando un tiempo en Armani, en New Bond St.; hoy en día miro hacia atrás y me doy cuenta de que esto me ha ayudado mucho a la hora de entender mejor el punto de vista del consumidor y sus intranquilidades a la hora de adquirir una prenda.

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REVELIGION

Nace la marca

Después de un año, la ajetreada vida de Londres me consumió y decidí volver a Sevilla. En este punto de mi vida sentía un vacío enorme que no podía llenar con nada. Ahora sé que son las ganas de crear, pero en ese momento, solo pensaba que estaba atravesando un periodo depresivo. Decidí entonces formarme como estilista, además de en diseño gráfico, relaciones públicas y visual merchandising. Al mismo tiempo hice práctica organizando Code 41 y estuve trabajando en una tienda de ropa para ganar un dinero extra.

Con 23 años conocí a Tom, saqué mi primera colección (Rainbow), y en 2017 tuve a mi hija Gala. Ahora mismo me encuentro en un periodo en el que mi marca forma parte de los pilares fundamentales de mi vida. Ser madre va de la mano con ser empresaria, y aunque haya días que falle en ambas tareas, creo que voy encontrando el equilibrio entre ellas. Después de plantearme muy seriamente dejar de diseñar y dedicarme mi familia, estoy en un momento en el que mi cabeza va a explotar con todas las ideas que tengo, y en el que la única forma que poseo de manifestar mis preocupaciones artísticas, es a través del diseño textil, crear, es mi forma de analizar los sentimientos que se encuentran escondidos en lo más abismal de mi alma.